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Eliminar las malas prácticas: SC Johnson busca diseñar más productos orientados a la circularidad del plástico para revertir la oleada de los microplásticos.

11/03/2023

Una de las cosas más pequeñas del océano es una de las mayores preocupaciones medioambientales emergentes. SC Johnson se centra en acciones significativas, como implementar diseños compatibles con la circularidad del plástico para reducir los desechos plásticos y eliminar una fuente común de microplásticos.

La exposición Blue Paradox sobre la crisis de la contaminación por plástico en el Museo de Ciencia e Industria de Chicago es un gran lugar para sumergirse en la problemática del plástico en los océanos. Proyecciones digitales espectaculares en 360 grados, tecnología interactiva y enormes muros de información ofrecen una mirada cercana a las decenas de millones de toneladas de plástico que ingresan a nuestros océanos cada año. Estar rodeado por un océano cargado de enormes piezas de basura plástica, como envoltorios de comida, botellas de agua y bolsas de supermercado, es una experiencia asombrosa.

Los científicos inicialmente asumieron que el plástico oceánico flotaría sin rumbo en el agua para siempre. Sin embargo, eso no fue lo que sucedió. El plástico en la superficie del agua representa solo alrededor del 1 % de lo que hay en el océano. Esto se debe a que los desechos plásticos se degradan constantemente, lo que significa que incluso algo tan grande y flotante como un bidón de leche eventualmente se fragmentará en diminutas piezas que se hunden lentamente hasta el fondo. Los fragmentos de menos de cinco milímetros de longitud – y que no son visibles a simple vista – se conocen como microplásticos.

Botella de plástico animada
Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, Servicio de Parques Nacionales de los EE. UU., Laboratorio Marino Mote (2018).

Algo muy pequeño que representa un enorme problema

Los microplásticos son una preocupación importante porque, una vez que ingresan al medioambiente, pueden persistir durante largos períodos y acumularse en los ecosistemas, lo que genera riesgos potenciales para la fauna y la salud humana. Un análisis del Fondo Mundial para la Naturaleza determinó que los desechos plásticos ya han impactado negativamente a casi el 90 % de las especies marinas. Cuando los microplásticos llegan al agua, se meten en la cadena alimentaria del mar –incluso en los peces que terminamos comiendo.

Hay evidencia de que esto ya está ocurriendo. Un estudio reciente realizado en Ámsterdam encontró altos niveles de plástico en la sangre humana. Otro estudio en Italia lo encontró en la leche materna humana. Un tercer estudio en España lo detectó en el sistema respiratorio inferior de las personas. Aún más inquietante es que todavía se desconoce cuánto tiempo permanecen los microplásticos en nuestro organismo o si permanecen lo suficiente como para causar daño.

Eliminar los microplásticos que ya están en el medioambiente está resultando prácticamente imposible –las partículas plásticas son pequeñas y variadas por definición, y las áreas donde se encuentran son inmensas. Sin embargo, una medida que sí podemos tomar es intentar detenerlos en su origen, reduciendo el flujo de desechos plásticos hacia el medioambiente.

Microplásticos animados
Microplásticos recolectados en el Lago Míchigan, a poca distancia del Museo de Ciencia e Industria y del Río Chicago. En la imagen de la izquierda se muestra un microplástico primario en forma de núcleo de polietileno de preproducción y en la segunda, un filamento rojo de polipropileno colocado junto a una aguja e hilo para comparar tamaños.

Lo que se viene: diseñar pensando en la economía circular

Según las Naciones Unidas, pasar a una economía circular puede reducir en más del 80 % el volumen de plásticos que ingresan a los océanos para el año 2040. La Fundación Ellen MacArthur también estima que el 80 % del impacto ambiental de un producto se determinan en la fase de diseño. Por lo tanto, realizar cambios en el diseño y la fabricación para brindar soporte a una economía circular es una acción crucial que las compañías pueden emprender.

Por ejemplo, SC Johnson reemplazó sus recargas de bolsas flexibles para el jabón para vajilla method,® compuestas por una combinación de materiales que las hacía no reciclables, por envases rígidos de polietileno de alta densidad (High-Density Polyethylene, HDPE), ampliamente aceptados en los programas de reciclaje. También han comenzado a eliminar el plástico negro de carbono del diseño icónico de los envases de Mrs. Meyer,® ya que los sistemas de clasificación óptica utilizados en muchas plantas de reciclaje no pueden detectar el pigmento negro en el plástico. Estos cambios innovadores aumentan la posibilidad de que los materiales ingresen en la cadena de reciclaje en lugar de terminar en un vertedero.

Fomentar las recargas y la reutilización en distintos segmentos de productos es otra clave para brindar soporte a una economía circular. Las recargas eliminan hasta un 80 % del uso de plástico asociado a la compra de un producto nuevo listo para usar. Además, se estima que la reutilización de los gatillos de pulverización, que representan más del 30 % del peso del envase, reduce 400 toneladas métricas de plástico al año.

SC Johnson ha defendido durante mucho tiempo las recargas, comenzando hace casi una década con un concentrado de Windex® y expandiéndose para incluir Scrubbing Bubbles®, Mr Músculo® y otros productos. Los envases con cabezal pulverizador de SC Johnson están diseñados para proporcionar más de 10 000 atomizaciones, lo que significa que se pueden recargar y reutilizar decenas de veces. Este enfoque, que permite reutilizar botellas, gatillos y otros componentes de productos previamente adquiridos, prolonga su vida útil más allá de un solo uso y evita que más plástico termine en el flujo de desechos.

Una razón para ser optimista

Para dejarlo claro, abordar la crisis de los desechos plásticos implica cambios sistémicos que van más allá de una única solución o de los esfuerzos de una sola compañía. El mundo produce el doble de desechos plásticos que hace dos décadas y la mayor parte termina en vertederos, incinerada o filtrándose en el medioambiente. Actualmente, solo una fracción del plástico producido se recicla: aproximadamente entre un 5 % y un 6 % en los Estados Unidos y alrededor de un 9 % a nivel mundial. Aunque algunos países cuentan con programas de reciclaje bien establecidos, muchos no disponen de los recursos ni de la infraestructura necesarios para gestionar adecuadamente los desechos plásticos. Al igual que en la experiencia de Blue Paradox, estar inmerso en todos los desafíos por superar puede generar la sensación de que salvar nuestros océanos es una tarea desesperanzada.

Pero ese no es el caso. Cuando Blue Paradox se presentó por primera vez como una experiencia temporal en Londres en 2021, el 97 % de los asistentes se marchó afirmando que planeaba cambiar su comportamiento de manera permanente. Esto indica una creciente sensación de urgencia y disposición a actuar. La responsabilidad corporativa ocupa un lugar cada vez más central para los negocios y los minoristas. Los gobiernos enfrentan una presión cada vez mayor para actuar. Y los consumidores están cada vez más comprometidos y receptivos a realizar los cambios necesarios para reducir los desechos.

Todo esto da razones para ser optimistas: hará falta que negocios, gobiernos y personas trabajen juntos para que el plástico no termine contaminando mares y ríos. Todo comienza con lograr avances significativos en acciones concretas –lo que contribuirá en gran medida a cerrar el grifo de los diminutos microplásticos que están inundando nuestros océanos y cursos de agua.